La somática nos ofrece prácticas para ir más despacio y escuchar lo que está vivo en nuestra experiencia. Nos invita a ampliar nuestra capacidad de permanecer con la incomodidad, a reconocer lo que ha sido enterrado bajo sistemas de control y desconexión, y a abrirnos a nuevas posibilidades alineadas con nuestros valores para relacionarnos con la vida de manera más auténtica e íntima.
Una somática politizada reconoce que no vivimos en el vacío. Honra los contextos personales, políticos, sociales e históricos que nos atraviesan y que han moldeado nuestros cuerpos, nuestras historias y nuestras formas de ser. Al partir de las realidades vividas y contextualizadas, y al centrar la sabiduría del cuerpo como fuente de conocimiento, la transformación personal se convierte en semilla para la liberación colectiva.
Los colibríes son criaturas adaptables que simbolizan el vínculo entre la tierra y el cielo, ese espacio vertical donde habita la dignidad. Como mensajeros y polinizadores, buscan y esparcen tanto la belleza como la dulzura. Estos espíritus resilientes y juguetones nos recuerdan que el deleite no es un lujo. La búsqueda de lo que nutre y da placer es una práctica radical que no solo renueva los cuerpos que habitamos, sino también a los mundos que compartimos.
La práctica somática fortalece la conexión auténtica con nosotres mismes, con nuestras comunidades y con los territorios que habitamos. Desde ahí, se construyen resiliencia, sentido y pertenencia.
Una práctica de cuidado que entiende que el bienestar no es solo individual: es también comunitario y territorial. Cuidarnos a nosotres mismes, a la comunidad y a la tierra es una forma de vivir nuestros valores y de resistir sistemas violentos y opresivos.
Centramos la liberación personal y colectiva. Acompañamos el desmantelamiento de la opresión internalizada mientras cultivamos libertad, descanso, gozo y dignidad.
Durante muchos años intenté cambiar aquello que se sentía desalineado en mi vida desde la mente: listas, metas, intenciones, terapia tradicional. Aunque estas herramientas fueron muy útiles, seguía sintiéndome atrapade en patrones repetidos y en una relación dolorosa con mi cuerpo.
La somática transformó ese vínculo conmigo misme.
Mi práctica somática me ha ofrecido un espacio, un tiempo y un ritual para seguir conociéndome, para escuchar con mayor profundidad, y para cultivar una comunidad muy bonita. Las prácticas somáticas también han cambiado mi manera de maternar, permitiéndome hacerlo desde un lugar más alineado con mis valores, y han transformado la forma en que me presento en mis relaciones.
Hoy tengo mayor acceso tanto al deleite como al duelo. Confío más en mí. Y desde ahí, es un placer y un privilegio compartir este trabajo transformador.
También soy Practicante de Somatic Experiencing® (SEP), formade a través de Somatic Experiencing® International.
He sido estudiante de la somática desde 2017 y me he formado en Body-Mind Centering, Somática Cultural con el Dr. Resmaa Menakem, y Somática Generativa. Además, he completado certificados en EMDR Somático, en el Sistema de Familia Interna y Brainspotting.
Mi camino ha sido acompañado por maestres y mentores como Janelle Railey, Dea Parsanshi, Sage Hayes, Laura Botero y Phillippe Citrine. Actualmente colaboro como asistente de Euphrasia “Efu” Nyaki, apoyando los procesos formativos profesionales de Somatic Experiencing®.
Tengo una práctica privada de psicoterapia llamada Cóndor Counseling que opera en las tierras Cherokee que hoy son conocidas como Asheville, NC.